América Latina y el Caribe han experimentado, en promedio, un desastre natural por semana durante los últimos 50 años. Ante esto, la región ha registrado pérdidas de 360 millones de dólares y cerca de 100,000 víctimas mortales como consecuencia de estos fenómenos.
Así lo señala el informe Hacia una Estrategia Iberoamericana de Respuesta a los Desastres de Origen Natural: Resiliencia, Seguro y Alianzas Público-Privadas, elaborado por la Fundación Iberoamericana Empresarial de la mano del Banco de Desarrollo de América Latina y Mapfre.
De acuerdo con el informe, la frecuencia de estos fenómenos ha aumentado considerablemente, ya que a principios de la década de 1970 se registraba aproximadamente un desastre cada tres semanas, pero entre 2021 y 2025 la cifra alcanzó cerca de 1,5 eventos semanales.
La frecuencia de los desastres naturales en América Latina y el Caribe se ha multiplicado en las últimas décadas, mientras que la falta de cobertura aseguradora continúa exponiendo a millones de personas, empresas y gobiernos a graves consecuencias económicas.
Según las estimaciones proporcionadas por Mapfre y CAF, cuatro de cada diez habitantes de América Latina y el Caribe han sido afectados por fenómenos extremos, incluidos huracanes, tormentas, inundaciones, sequías, olas de calor e incendios forestales.
Los efectos económicos y sociales son especialmente graves para los hogares de menores ingresos, las comunidades rurales y las pequeñas empresas, que cuentan con menos recursos para recuperarse.
Tan sólo Brasil, Colombia, El Salvador y Perú entre 2000 y 2023, son los países con los hogares más vulnerables y enfrentan con mayor frecuencia choques climáticos. Entre los de menores ingresos, sus consecuencias pueden ser permanentes.