Liderar para crear organizaciones sanas, ilusionantes y perdurables

Por: Marcos Urarte

Si confiamos en que los cambios de todo tipo se suceden de forma acelerada en los momentos actuales, podemos afirmar que el fin de la concepción estratégica empresarial basada en el paradigma militar verticalista está próximo.

El término que nos ocupa se deriva de estrategia, que proviene del griego “strategós”, compuesto de “stratós”, ejército, y “ago”. Por lo tanto, hablamos de conducir las operaciones militares. Y es que, en un entorno cada vez más turbulento, global y competitivo, ya no basta con tener una buena idea, capitalizar una oportunidad de mercado y tratar de maximizar beneficios a corto plazo.

Los negocios oportunistas han de pasar a ser organizaciones perdurables bien estructuradas mediante valores finales e instrumentales que les den orientación y sentido más allá de generar beneficios económicos a corto plazo a sus propietarios.

No se trata de ser “competentes”, es decir, hacer las cosas bien y a un precio adecuado; se trata de ser “competitivos”, más atractivos que otros para los clientes que queremos conquistar y mantener.

Parafraseando al gran pensador en Management Gary Hamel: “Tenemos que liderar la revolución en la empresa: el reto es crear una fuerte capacidad de innovación de conceptos empresariales radicalmente nuevos y con capacidad de reinterpretar de forma sorprendente los viejos”. Me pregunto: ¿cuántos directivos están dispuestos a liderar la revolución en las empresas?

En mi opinión, en el contexto competitivo internacional en el que nos movemos, una estrategia innovadora radical tiene que cumplir con una serie de rasgos esenciales:

Por un lado, debe favorecer la creatividad en toda la organización, generar valor en torno a los activos intangibles de la empresa y mantener una gestión dual, preparando el futuro y gestionando el presente de forma sincronizada.

Por otro lado, debe poner el acento en la capacidad de diferenciación de la empresa en el mercado generando modelos de negocio adaptados a sus principales segmentos de clientes, y debe apasionarse por dotar de experiencias relevantes a sus clientes, y además fomentar el intraemprendimiento dejando que “broten ideas y proyectos nuevos como las malas hierbas” (como dice el gran maestro de la estrategia Henry Mintzberg) que intenten perturbar el orden establecido.

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